lunes, 17 de marzo de 2008


LA TOLERANCIA/INTOLERANCIA

Esteban Farfán Romero

Quiero confesarle que me impulsa escribir este articulo de opinión, la desaprensiva declaración de una autoridad que tiene complejo de inferioridad crónica, pues no tiene condiciones de asumir posturas y defender las mismas a través de las ideas, argumentos, pruebas, pensamientos, sino recurriendo a lo que siempre han hecho los dictadores,,a la violencia verbal, física y a la intolerancia/intransigencia. Los recursos que usan a primera mano los acomplejados/desequilibrados/retraídos/maniáticos son la adjetivación, diatriba, difamación, injuria, calumnia, improperios, escarnio, invectiva y la perorata/amenaza. No cuentan con otras armas que las citadas, por lo que echan mano a estos recursos innobles, bajos y viles del hombre. Cuando el hombre usa estos infames recursos, se envilece a si mismo, pues es instinto de los animales atacar con saña/odio/resentimiento para destruir.

Históricamente las diversas manifestaciones sociales, políticas, religiosas y culturales, en la sociedad boliviana han tenido una característica muy peculiar y diferenciada y ha sido la intolerancia (HCF Mansilla).

Defino como tolerancia, saber respetar a las demás personas en su entorno, es decir en su forma de pensar, de ver las cosas, de sentir y es también saber discernir en forma cordial en lo que uno no está de acuerdo. La tolerancia es el respeto con igualdad sin distinciones de ningún tipo. La tolerancia es aceptarse unos a otros. Si embargo para ello debemos aceptarnos a nosotros mismos y luego aceptar y respetar a todos los demás.

Aceptar a los demás como son, sin peros y sin reparos. La tolerancia es la virtud moral y cívica que consiste en permitir la realización de acciones, preferencias y creencias que aunque no sean consideradas como lícitas, sin embargo, no son impedidas por la autoridad con poder de impedir.
La innegable actitud de soportar los actos ajenos, respetando su forma de pensar, quedando en la situación de recibir lo dado. Es el respeto y consideración hacia creencias y opiniones de los demás. Margen o diferencia que se consiente en la calidad y cantidad de una cosa.

Según el artículo 1.3 de la Declaración de Principios sobre la Tolerancia fruto de la Conferencia General celebrada en París del 25 de octubre al 16 de noviembre de 1995, «La tolerancia es la responsabilidad que sustenta los derechos humanos, el pluralismo, la democracia y el Estado de derecho. Supone el rechazo del dogmatismo y del absolutismo y afirma las normas establecidas por los instrumentos internacionales relativos a los derechos humanos». ¿Qué queda de ésta declaración de intenciones doce años después?

Fueron Locke y Voltaire, en distintos momentos de la Edad Moderna, los principales defensores de la tolerancia, pero ¿contra qué intolerancia estaban éstos oponiéndose? No cabe ninguna duda de que contra la intolerancia religiosa, porque en esos momentos las instituciones eclesiásticas ejercían el papel de guardianes y custodia de los valores eternos...

Decía Locke en su Carta que: «Con toda libertad estimo que la tolerancia es el distintivo y la característica principal de la verdadera Iglesia»; «La tolerancia hacia aquellos que difieren de otros en materias de religión es tan conforme al Evangelio de Jesucristo y a la razón genuina de humanidad que parece monstruoso que los hombres sean tan ciegos como para no percibir claramente la necesidad y ventaja de ello. No censuraré». Lo decía, además, desde una Inglaterra que, en parte, había superado la fase virulenta de las guerras de religión que azotaban entonces a la Europa de la modernidad.

Añade Voltaire, casi cien años más tarde, que: «El furor que inspiran el espíritu dogmático y el abuso de la religión cristiana mal entendida ha derramado tanta sangre, ha producido tantos desastres en Alemania, en Inglaterra, e incluso en Holanda, como en Francia: sin embargo, hoy día, la diferencia de religión no causa ningún disturbio en aquéllas». Y es por esto por lo que a continuación dice: «Éste era el estado de esta asombrosa aventura, cuando ha hecho nacer en la mente de personas imparciales, pero sensibles, el designio de presentar al público algunas reflexiones sobre la tolerancia, sobre la indulgencia, sobre la conmiseración».

La tolerancia se empieza a instituir, pues, con estos dos descreídos discípulos de la fe. Pero ¿de qué tolerancia están hablando? Obviamente, de la tolerancia religiosa (idea recogida en la declaración si entendemos, como así parece, el dogmatismo, como dogmatismo religioso). Efectivamente, la tolerancia sólo tiene sentido ante el dogma, religioso o despótico (absolutismo político).

Entendida en aquel contexto, como «manifestación bondadosa» en un Estado autoritario, tenía su sentido. Y es que había nacido cuando la confrontación religiosa que se saldada con el acuerdo de «cuius regio, cuius religio» (libertad a los príncipes para decidir la religión de su pueblo) dio paso a un sentido más relajado (tolerante) del dogma religioso. Se extendió la idea de tolerancia como un «beneficio» concedido. Y quienes, como Locke o Voltaire, se expresaban a favor de ella veían en ello sus ventajas. Sólo quién tiene el poder de vida y muerte de sus súbditos tiene la potestad de ser tolerante, porque intolerante lo es cuando le de la gana.

Pero ¿qué significa ahora ser tolerante en democracia? ¿Es, efectivamente, la tolerancia la base de la democracia? -como así parece desprenderse de la declaración citada-. ¿Tiene entonces la democracia que ser tolerante? ¿Qué significa ser tolerante en democracia? ¿Significa tolerar a los que incumplen las leyes? Parece, más bien, que éste es el sentido en el nos estamos moviendo en estos tiempos turbulentos, en los que a favor de ideas tales como tolerancia, humanidad y/o solidaridad, creyéndolas supremos valores democráticos, indultamos y favorecemos a los arrogantes, ególatras, narcisistas y parranderos de nuestros tiempos. Pero esto no es tolerancia, es negligencia en el mejor de los casos, cuando no condescendencia de las normas o sumisión al infractor. Un estado democrático no puede ser negligente en este sentido, so riesgo de hacer peligrar su pilar de sustento básico, la misma democracia. ¿No se estará confundiendo tolerancia con justicia?

Una democracia bien entendida tiene que protegerse muy mucho de sus antagonistas, mucho más, si cabe, que las teocracias o las autocracias. Pues en estas últimas -regímenes ajenos a la «voluntad de los ciudadanos»- es fácil combatir al que disiente, como lo era en los opositores a la religión o a la tiranía en tiempos pasados, sencillamente mandándoles a la hoguera, o al paredón. Una democracia no puede utilizar métodos ajenos a las reglas consensuadas en su ejercicio cívico, pero, eso sí, tiene que aplicarlas con fortaleza y firmeza, y, si me apuran, con generosidad (Spinoza dixit), pero no con tolerancia, por eso una democracia que se precie no puede ser débil, y si lo es, peor para ella.

Tiene que tener bien amarrados los mandatos de su legislación constitutiva. Hasta tal punto que quien los quebrante no puede ni debe quedar impune del castigo. Y si me apuran, apuntar lo que dice Zeus en el mito de Prometeo, «quien no participe del pudor y la justicia debe ser eliminado como una peste de la ciudad».
Porque en democracia se está al dictado de los derechos y deberes que las leyes establecen, quien infringe los deberes y reclama los derechos debe por ello ser castigado y doblegado. No cabe la tolerancia, no se puede ser tolerante con quien se salta las normas impunemente, porque dichas normas no son fruto de la divinidad ni de la autoridad despótica, sino de la voluntad popular. Entonces ¿qué sentido tiene ser tolerante? Una democracia tiene que ser fuerte, fuerte con el fuerte, y fuerte con el débil (para hacerlo fuerte, precisamente). Siempre tiene que ser fuerte.

Principalmente a los políticos les hace mucha falta se tolerantes en tiempos en que el país se encuentra altamente polarizado/enfrentado. Es tiempo de despolarizar a través de acciones individuales que nos ayuden a ser demócratas.

Los que reclamamos democracia/tolerancia, debemos manifestar en nuestra acciones tolerancia. Tolerancia con el otro que piensa, cree, mira distinto, pero que de lo contrario nos vamos a comer/destruir. Las acciones físicas/verbales bravuconas/intimidatorios/alevosas/pérfidas de ciertos dictadorzuelos que se escudan cobardemente en la investidura de su autoridad e inmunidad para pretender callar las ideas, no contribuye al clima de generar espacio de debates constructivos. Personalmente las amenazas/intimidaciones/bravatas baratas de plaza, es lo menos que me provocan miedo, mas al contrario me inyectan energía para luchar por lo que pienso y creo. Nuca me he bajado a actuar vilmente/soezmente, sino he tratado de tener una conducta coherente con los principios de la democracia. Y la tolerancia es un principio importante de la democracia. Si no somos tolerantes, no podemos considerarnos demócratas. "Ojo por ojo, y el mundo quedará ciego" Ghandi. (Salta/Argentina 15/03/08)

farfán2007@gmail.com

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