domingo, 9 de agosto de 2015

Periodistas No

Periodistas No

Esteban Farfán Romero
@EstebanFarfanR

No hay duda que el fenómeno Evo Morales fue producto de los medios de comunicación de la época. Cuando Morales comenzaba a emerger, su aliado más efectivo y poderoso que hizo de dique, fue sin duda la prensa. Muchos periodistas se solidarizaron con la causa del dirigente cocalero, porque era la víctima del régimen de los gobierno tradicionales. Eran tiempos en que la prensa independiente le servía de plataforma, altavoz y canal para la reproducción de su poder y difusión/amplificación de su relato.
La prensa era su aliado porque Morales estaba al otro lado del mostrador. Era opositor, y de los duros e implacables. Evo muchas veces apretó el cuello del país con sus bloqueos y cortó las venas del país no permitiendo la circulación de la sangre por varios días, sin medir las consecuencias. La prensa siempre estuvo a su lado a pesar de estas locuras.
La prensa no solo fue un canal para la distribución masiva de su mensaje, sino que fue su aliada, incluso, comprometida con la causa del dirigente, otorgándoles espacios muy importantes y privilegiados. Muchos periodistas se mudaron literalmente al Chapare para hacer seguimiento in situ y de cerca, de las acciones política del cocalero. Morales era una vedette, generaba la atracción de una celebridad de cine, un cantante popular.
Pero una vez en el poder, abierta y desembozadamente declaró la guerra a la prensa. Muchas veces los ha insultado, ridiculizado, descalificado y cortado la palabra. Y si había conferencias de prensa eran sin preguntas, sólo los medios internacionales tenían ese privilegio.
Lo más triste es que la mayoría de sus victimas eran los obreros de la prensa; los noteros de calle. ¿Qué paso? ¿A que se debió el cambio? ¿Por qué un gobierno que se etiqueta de popular y alta sensibilidad, ahora se porta implacable con sus ‘amigos’  periodistas. Una sola respuesta lacónica; el poder.
Lo que pasa es que el poder cambia a las personas. Uno de los siete sabios de Grecia, Pítaco de Mitilene, hace 2.500 años dijo: "Si queréis conocer a un hombre, revestidle de un gran poder. El poder no corrompe, desenmascara."
Al principio el Gobierno fue torpe, por lo que rápidamente cambió su táctica al evidenciar que su imagen de indígena podría deteriorarse. Decidió utilizar la sutileza, como diría un militar, la presión controlado, el golpe blando.
La mejor forma de controlar el contenido de los medios fue comprándolos, cooptándolos. El periodista Raúl Peñaranda que fue victima de la presión, escribió un libro (Control Remoto), en el que describe el cambio editorial de varios medios y las negociaciones discretas.
Producto de esta operación, evidentemente muchos medios se encolumnaron y todos se cuadraron ante la agenda setting del gobierno.
Periodistas como Arturo Mendivil (Sittel), Jorge Tejerina (Cadena A), Carlos Valverde (PAT), Gary y Sissy Añez (PAT), Raúl Peñaranda (Página Siete) Eddi Luis Franco (PAT), Enrique Salazar (Red Uno), Amalia Pando (Erbol) y ahora John Arandia Cadena A) se vieron obligados (por la presión) a abandonar sus medios (fuente de trabajo) me manera apoco ortodoxas, y nada claros. Los medios no saben cómo explicar la acción, y emiten comunicados inverosímiles.
En los pasillos se dice que el Gobierno presiona a través de los impuestos, la pauta publicitaria y hasta con la amenaza de no renovar la licencia pidiendo la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja de plata. Y le da resultados. Cada vez se quita del camino a periodistas librepensantes que se atreven a cuestionar al poder.
El problema es que tenemos un gobierno que le causa urticarias la prensa independiente, aquella que hace su trabajo, aquella que están tras la verdad o verdades, aquella que denuncia, que critica, que interpela, que exhiben, que hace su trabajo.
Me asombra e inquieta el alto grado de intolerancia a la crítica y al pensamiento diferente que posee este Gobierno. Hipócritamente nos dicen con recurrencia que son democráticos y con alta sensibilidad social, pero los hechos lo contradicen.
A mi juicio, los periodistas bolivianos por naturaleza son muy magnánimos, piadosos, muy considerados y educados porque son ceremoniosos, protocolares y tímidos. Son contados con la mano los periodistas arrojados, firmes y duros con el poder. Hay poca cultura de investigación, son muy coyunturales y superficiales, quizás porque los medios son muy débiles.
A nuestro alrededor, Brasil, Perú, Chile y la Argentina, la prensa es un verdadero poder que pone en jaque al gobierno con sus investigaciones. Quizás porque los medios son emporios económicos con independencia financiera y porque las universidades arrojan periodistas, y no sólo comunicadores sociales.
Ser periodista no es ser propagandista del poder, sino su interpelador, el canal que facilita exposición de la realidad. El gobierno no quiere periodistas, sino preconizadores, gacetilleros, relacionadores públicos, amanuenses, escribanos. "Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas". George Orwell. (Yacuiba 10/08/15)


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