sábado, 1 de octubre de 2016

La Encarnación de Torquemada

 EL DEDO EN LA LLAGA



La Encarnación de Torquemada


AUTONOMÍA DE VERDAD: El cuestionamiento permanente no fue a la autonomía, sino a la cualidad de la misma. Se ha demostrado que la autonomía regional es restringida.
El día jueves pasado, el diosecillo (de barrio) en decadencia, sacó la lengua  a pasear (de nuevo) por el lapso de dos hora 15 minutos (sin preguntas) en por una Radio local, y el 80% del tiempo ocupó para aludirme hilando dicterios e insolencias de todo pelaje en contra mía. ¿Tan importante soy como para que se ocupe al grado de obsesionarse conmigo el cacique?
Me considero una persona simple y corriente, por lo que me parece sobre exagerado y desmedido que se me atribuya poderes especiales decisorios
Como siempre, todo gira en usar el viejo truco de los populistas demagogos de la mitomanía, para retener el poder político que les sirve como modo de vía para enriquecerse.  Como todo chulo destemplado, usa el insulto fino y los chascarrillos verbeneros para desacreditar, deshonrar, mancillar a los que no se le arrodillan para adorarlo como aquel becerro de oro del Éxodo.
El diosecillo aparece ahora como la encarnación del tristemente celebre cardenal Torquemada, decidiendo en su arbitrio quién debe ser guillotinado. Sólo le falta redactar el reglamento común a aplicarse a los que se atrevan a sacar la cabeza sin su anuencia. Se cree dueño de la historia, señor del proceso, propietario de los hechos por lo que le irrita a rabiar que se diga la verdad. La autonomía, como todos los procesos históricos no tienen dueño, no le pertenece a una persona, sino al mismo pueblo. Ese complejo adámico que tienen los demagogos de los que advertía con febrilidad e inquietud Platón, éstos nos quieren hacer creer que la historia comienza y termina con ellos.
No necesito mostrar credenciales de mi militancia y adscripción cognoscitiva autonómica, porque pruebas palmarias y objetivas sobran.
Por ahora es todo. No voy a responder al diosecillo de barro.
En una ocasión un zafio muy parecido al diosecillo insultó a Sócrates, éste se volteó y dijo “¿Acaso si me hubiera dado una coz un asno, me enfrentaría a él?” 

Esteban Farfán Romero
Militante de la autonomía (la verdadera)


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